Venezuela Earthquake
No es un poema para ser leído, sino una herida que insistió en abrirse y escribirse sola.
Venezuela, hoy no vengo a cantarte: hoy vengo a llorarte, porque hay amores que se dicen con guitarra y luz, y hay amores —los más verdaderos— que solo saben decirse con la voz quebrada, con las manos abiertas y vacías, y nada más que ofrecer que la verdad desnuda: te extrañamos.
Te extrañamos como se extraña lo que jamás debió terminar.
No fuiste una etapa.
No fuiste un capítulo que se cierra en silencio para que empiece otro.
Fuiste la casa.
Y a las casas como tú no se las abandona: nos las arrancan del pecho, con raíz, con tierra, con todo, y la herida, Venezuela, todavía sangra bajo la piel del tiempo.
Yo llegué a ti ya hombre —o creyéndome hombre— con un título bajo el brazo y toda Holanda todavía adherida a los zapatos, buscando un rincón del mundo donde por fin echar raíces.
Y tú me diste ese lugar, Venezuela.
Tú me hiciste adulto de verdad: no el que nace y crece sin saberlo, sino el que llega de lejos, elige quedarse, y construye una vida piedra por piedra, con sus propias manos, bajo tu cielo ancho y generoso.
Yo me casé bajo ese cielo, Venezuela.
En Prados de María dije que sí, con tu Ávila entero de testigo, y esa misma noche el Anauco Hilton se llenó de brindis, de luces y de música para celebrar que ya no habría vuelta atrás.
Empecé mi camino entero en tus brazos.
Aprendí a ser el hombre que soy mirando tu montaña cada mañana, como quien mira a un padre que jamás alza la voz, pero que siempre —siempre— está ahí, de pie, entre la ciudad y el mar.
El Ávila que siempre nos sigue acompañando: desde nuestra cama la vemos, desde entonces, contra la pared de nuestra sala de dormir, en un cuadro gigante de Cabré, con el Ávila y el Country Club de frente, montado allí para que ninguna noche nos quedáramos sin tu sombra sobre la almohada.
Y tú, generosa, nos diste más: en San Antonio de los Altos, en Residencias Alborada, un apartamento fabuloso donde vivimos idílicamente, disfrutando de su ambiente exclusivo, con piscina, canchas de tenis y de baloncesto, y un clima de primavera eterna que no se cansaba de regalarnos.
Al anochecer entraba en el balcón una neblina tibia y lenta, ganándonos la vista poco a poco, y entonces nos mirábamos y suspirábamos, medio en broma, medio en verdad: vivimos en las nubes.
Y aunque hoy un océano entero se interponga, tu Ávila no se ha ido de nosotros: basta abrir los ojos, cada mañana, para encontrarnos de nuevo contigo.
Y ahora te veo temblar, y no puedo llegar a sostenerte.
Ese es el dolor que nadie nombra en los libros: el de amar desde lejos sin poder tocar, el de extender los brazos hacia una tierra entera y encontrar, entre los dedos, solamente el aire frío de la distancia.
Cuánta gente se fue con una maleta y el alma partida limpiamente en dos. Cuánta gente sigue soñando, en voz baja, con un regreso que no sabe si llegará antes o después de que se les acabe la vida entera de esperar.
Y sin embargo, Venezuela, seguimos aquí.
Seguimos amándote con esa terquedad absurda de los que ya no saben renunciar, de los que cargan tu nombre como se carga una fotografía vieja: gastada en los bordes, doblada por tantas manos, y sin embargo —dime tú cómo— imposible de soltar.
No sé si alcanzaremos a verte como te soñamos.
No sé si nuestras manos llegarán a tiempo para ayudar a levantar lo que la tierra, cruel, derrumbó. Pero sé esto, y lo digo con la poca voz que me queda, la misma con la que un día te prometí quedarme: mientras exista uno solo de tus hijos que te nombre entre lágrimas, Venezuela, tú no estarás perdida.
Estarás aquí, en este pecho que se niega a resignarse, latiendo, esperando, amando como el primer día, como si nada, como si el mundo entero no hubiera intentado, con toda su fuerza, separarnos.
Porque a ti, Venezuela, no te elegimos una sola vez. Te elegimos cada día que seguimos vivos —cada día— solamente para poder seguir extrañándote.
con el corazón todavía en Caracas
Marcel P. T. Chin-A-Lien y familia
The essay discusses the disparity in geological knowledge dissemination within the Guyana–Suriname Basin, noting a…
The essay outlines the vision and journey of GranMorgu, from the conceptualization of the Golden…
Venezuela's oil reserves are substantial, estimated at 303 billion barrels, primarily of heavy crude. However,…
Venezuela's vast petroleum reserves, estimated at 303 billion barrels, face significant challenges despite geological advantages.…
The post reflects on the author's deep connection with La Luna, a significant geological sample…
The essay reflects on the author's deep connection with La Luna rock, a significant geological…