Venezuela Earthquake

Desde el Corazón Herido: A Venezuela

no un poema para ser leído,

sino una herida que se dejó escribir

Venezuela,

hoy no te canto,

hoy te lloro.

Porque hay amores que se dicen con guitarra

y hay amores que solo se dicen

con la voz quebrada,

con las manos abiertas

y nada que ofrecer

sino la verdad desnuda:

te extrañamos.

Te extrañamos como se extraña

lo que no debió terminar.

No fuiste una etapa.

No fuiste un capítulo que se cierra

para empezar otro.

Fuiste la casa.

Y a las casas no se las dejaron:

nos las arrancaron del pecho,

con raíz y todo,

y todavía sangran.

Yo llegué a ti ya hombre,

con un título bajo el brazo

y toda Holanda todavía en los zapatos,

buscando un lugar en el mundo

donde echar raíces por primera vez.

Y tú me diste ese lugar, Venezuela.

Tú me hiciste adulto de verdad:

no el que nace y crece sin saberlo,

sino el que elige,

el que llega de lejos

y decide quedarse,

el que construye una vida

piedra por piedra,

con sus propias manos,

bajo tu cielo.

Yo me casé bajo ese cielo, Venezuela.

Yo empecé mi camino en tus brazos.

Yo aprendí a ser el hombre que soy

mirando tu Ávila cada mañana,

como quien mira a un padre

que nunca alza la voz

pero que siempre está.

Y ahora te veo temblar

y no puedo llegar a sostenerte.

Ese es el dolor que nadie nombra:

el de amar desde lejos

sin poder tocar,

el de querer abrazar una tierra

y solo encontrar,

entre los dedos,

el aire de la distancia.

Cuánta gente se fue con una maleta

y el alma partida en dos.

Cuánta gente sigue soñando en voz baja

con un regreso que no sabe

si llegará antes o después

de que se les acabe la vida.

Y sin embargo, Venezuela,

—y esto también hay que decirlo

aunque duela—

seguimos aquí.

Seguimos amándote

con esa terquedad absurda

de los que no saben renunciar,

de los que cargan tu nombre

como se carga una fotografía vieja:

gastada, doblada,

pero imposible de soltar.

No sé si alcanzaremos a verte

como te soñamos.

No sé si nuestras manos

llegarán a tiempo

para ayudar a levantar

lo que la tierra derrumbó.

Pero sé esto, y lo digo

con la voz que me queda:

mientras haya uno solo de tus hijos

que te nombre con lágrimas,

Venezuela,

tú no estarás perdida.

Estarás aquí,

en este pecho que no se resigna,

latiendo,

esperando,

amando

como el primer día,

como si nada,

como si el mundo entero

no hubiera tratado de separarnos.

Porque a ti, Venezuela,

no te elegimos una vez.

Te elegimos cada día

que seguimos vivos

para poder extrañarte.

Marcel P.T. Chin-A-Lien y familia

con el corazón todavía en Caracas


Categories:

Tags:


Verified by MonsterInsights